CONGRESO INTERNACIONAL MEDELLIN 40 AÑOS
 

“Medellín, 40 años después
vive la Esperanza”.

CONTEXTO GENERAL E HISTÓRICO

Promesas de la Modernidad
El siglo 20 sintetizó y cristalizó los grandes rasgos de la Modernidad: se descubría la subjetividad, la razón se volvía crítica, la naturaleza era transformada de forma cada vez más espectacular, los esquemas tradicionales se rompían, las libertades humanas y la democracia eran exaltadas…, y ¡el mundo se desacralizaba lentamente!

Década de los 60 en el mundo y en América. Nuevos desafíos

Entre frustraciones y esperanzas, la década de los 60 marcó profundas transformaciones: basta recordar la Primavera de Praga, las Revueltas Estudiantiles de París, la Guerra del Vietnam, la Alianza Para el Progreso, la inauguración de los viajes al espacio, el vestido, la música, los hippies…

En América Latina se expandían las ciudades y la problemática social facilitó la acción de grupos guerrilleros, dio paso a ideologías y movimientos liberacionistas, y permitió la entrada a extrañas propuestas de espiritualidad…
Todo este panorama abre la mirada a nuevos y contrastantes desafíos…

El Marxismo
En primer lugar, la expansión del marxismo, en contraposición a la del materialismo individualista: el atractivo del marxismo reside en su afirmación de que “es necesario transformar el mundo”, y el del materialismo individualista en el confort y en el consumo.

Ecumenismo y Diálogo con la Cultura
En segundo lugar, la necesidad de un diálogo ecuménico y con la cultura, en contraposición con los fenómenos propios de la “Nueva Era”, que proponen una falsa espiritualidad centrada en el individuo y en el escape de la realidad…
En lo religioso, el Vaticano II despertaba a la Iglesia de un profundo letargo: la iglesia se abría a la era moderna: libertad religiosa, diálogo con el mundo moderno autónomo y secular, diálogo con las iglesias cristianas y con las grandes religiones, aceptación de los valores de la historia y del progreso, el descubrimiento de la subjetividad y de la comunidad, la vuelta a los orígenes de la fe.

Desencanto y Post Modernidad
Y, por último, el desencanto caracterizado por el nihilismo y el relativismo. La euforia se convierte en interrogante y en sospecha. Despierta la nostalgia. Poco a poco, esta modernidad burguesa y opulenta de los países ricos aparece cada vez más insuficiente para responder a los nuevos problemas de la humanidad.

La Esperanza de Medellín
¿Qué fue y a qué respondió la Segunda Conferencia del Episcopado Latinoamericano?
“Sobre nuestro Continente, signado por la esperanza cristiana y sobrecargado de problemas, Dios derramó una inmensa luz…”.

QUÉ FUE Y A QUÉ RESPONDIÓ LA SEGUNDA CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO

Concilio Vaticano II De esta manera, la Conferencia de Medellín se propuso aplicar las orientaciones del Concilio Vaticano II, del que Juan Pablo II dijo: “nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el siglo que comienza”. El Concilio concluyó con estas palabras: “…el porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar”

Primera Visita del Papa a América
Pablo VI vio la coincidencia entre la primera visita de un Papa a América Latina y la Segunda Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín, como una “convergencia de circunstancias proféticas” y un hecho histórico que inauguró un nuevo período en la vida de la Iglesia Latinoamericana.

Segunda Conferencia del Episcopado Latinoamericano
Medellín buscó una nueva y más intensa presencia de la Iglesia en la transformación de América Latina, a la luz del Concilio Vaticano II. Durante su visita, el Papa no sólo dejó un valioso magisterio aún vigente, sino que fue claro y directo: se dirigió a los jóvenes, a los estudiantes, a los hombres de la cultura, a las familias, a los teólogos, a los dirigentes, y a los Obispos y Sacerdotes. A cada uno los cuestionó profundamente y los invitó a transformar la realidad de América cumpliendo rectamente su deber y, sobre todo, con el testimonio de una caridad acompañada en primer lugar de la justicia, que la haga práctica, operante y completa, en el campo de las realidades humanas y temporales.

En su profética homilía del “Día del Desarrollo”, Pablo VI dijo, entre otras, estas palabras: “Bien sabemos que tales realidades en América Latina se encuentran en una situación de crisis profunda, la cual encierra tantos aspectos de preocupación angustiosa…”. “Y a ustedes, hombres de las clases dirigentes, ¿qué les podemos decir? …No olviden que ciertas grandes crisis de la historia habrían podido tener otras orientaciones, si las reformas necesarias hubiesen prevenido tempestivamente, con sacrificios valientes, las revoluciones explosivas de la desesperación”.

“Si hubiésemos atendido…”.
Por ello, “hoy, después del fin de los regímenes marxista-leninistas de la Europa Oriental y del auge y ocaso de una línea de teología de la liberación en América Latina; hoy, después de años de lucha armada y de fórmulas para construir la paz, podemos releer las palabras proféticas de Pablo VI y asumirlas, como hubiéramos debido hacerlo desde 1968”. Aún quedan aspectos que nos hacen exclamar: “Si hubiésemos atendido a sus palabras”…

La Conferencia de Medellín se anticipó a los nuevos desafíos, al abordar tres grandes áreas: la promoción del hombre y de los pueblos; una adecuada pedagogía de la fe; e intensificar la pastoral mediante personas y estructuras renovadas dentro de la Iglesia. Pero su punto de partida fue una Antropología concreta, centrada en los siguientes aspectos:

Una Antropología

1. Nuestros países conservan una riqueza cultural básica, que nos configura definitivamente como seres latinoamericanos.
2. El hombre latinoamericano vive un momento decisivo de su proceso histórico; sus aspiraciones manifiestan el misterio propio del hombre, y se fundan en la conciencia de una solidaridad fraternal.
3. Necesitamos actuar según el potencial humano que hace de América Latina una realidad prometedora y cuajada de esperanzas en su transformación.
4. La visión integral del hombre latinoamericano en el desarrollo de la humanidad, incluye el anhelo de integrar toda la escala de valores temporales en la visión global de la fe cristiana.
5. Nuestra auténtica liberación y crecimiento en humanidad, proceden sólo del espíritu del Evangelio que nos anima a incorporar y a participar de un amor transformante y personalizador.
6. La vocación de América Latina es la de aunar en una síntesis nueva y genial lo antiguo y lo moderno, lo espiritual y lo temporal, lo que recibimos y nuestra propia originalidad.
7. El hombre latinoamericano, individualmente y en conjunto, es tan concreto, completo y digno como cualquier otro hombre en cualquiera otra latitud.
8. Como Persona es principio, agente y fin de toda actividad humana, y toda iniciativa de desarrollo está supeditada siempre a su dignidad inviolable.
En síntesis, América Latina reúne las condiciones para avanzar hacia un humanismo integral y solidario, para dar una respuesta adecuada al problema del hombre en esta parte del mundo y en este particular momento de la historia. Como lo postula la Doctrina Social de la Iglesia, nos corresponde a los líderes, a los pastores y a los laicos, preguntarnos siempre: ¿Cuál es nuestra idea del hombre? ¿Con cuál antropología vivimos y orientamos nuestra vida?

Promoción del Hombre y de los Pueblos
Medellín se concentró en el hombre de este continente, cuya transformación y desarrollo lo toca y lo conmueve en todos los niveles: desde el económico hasta el religioso.
Cada persona es única, singular, irrepetible e irreductible a esquemas de pensamiento o sistemas de poder, ideológicos o no. Esto impone la exigencia del respeto por parte de todos, y especialmente de las instituciones políticas y sociales. El primer compromiso de cada uno hacia el otro, y sobre todo de estas instituciones, es el de promover el desarrollo integral de la persona. Promoción del hombre y de los pueblos hacia los valores de la justicia, la paz, la educación y la familia…

La Justicia
La Justicia es dar a cada quien lo que le corresponde. Si cada cual recibe lo suyo, significa que las relaciones son justas, y hay paz. Lo primero que le corresponde al hombre es amar y ser amado. El amor es la ley fundamental de la perfección humana, es la fuerza que nos mueve a transformar el mundo y a realizar la justicia, teniendo como fundamento la verdad y como signo la libertad.
El origen de todo menosprecio del hombre, de toda injusticia, debe ser buscado en el desequilibrio interior de la libertad humana. El mensaje cristiano insiste siempre en la necesidad de la conversión, como condición previa y necesaria para un auténtico cambio de estructuras. No habrá continente nuevo sin hombres nuevos que sepan ser verdaderamente libres y responsables.
La Iglesia inspira y educa la conciencia de los creyentes, para que perciban las responsabilidades de su fe en la vida personal y social: en la familia, en la profesión, en la empresa, en la economía, en la organización del trabajo y en la transformación del campo.
La política debe orientar su autoridad y sus decisiones hacia el bien común. Pero la conciencia social debe captar con realismo los problemas de la comunidad y de las estructuras sociales, superando el individualismo. Esta es la tarea más urgente.

La Paz
La Conferencia de Medellín estudió las diversas tensiones que afectan la paz de la región. Muchas de estas tensiones provienen de injusticias aún no corregidas, de frustraciones crecientes, de escasez de oportunidades, de coyunturas económicas difíciles, de nacionalismos exacerbados, de imposturas ideológicas…
También se analizó con amplitud el problema de la violencia en nuestro continente, que no siempre es resultado de la injusticia, sino de la visión de “algunos que concluyen que el problema esencial de América Latina no puede ser resuelto sino con la violencia”.
Las palabras de Pablo VI fueron decisivas para esclarecer el camino pacificador que debe tener el cristiano en nuestra realidad, al trabajar por la justicia, pero en espíritu de paz y de reconciliación. Al respecto, tres notas caracterizan la concepción cristiana de la paz:
• Como obra de la Justicia, supone y exige la instauración de un orden justo.
• Es un quehacer permanente: la paz no se encuentra, se construye.
• Es fruto del amor. La paz con Dios es el fundamento de la paz interior y de la paz social.
El documento de Medellín concluye que una viva conciencia de justicia y un hondo sentido de servicio son las actitudes que animan la dimensión social y comunitaria del cristianismo, y ponen las bases para una auténtica paz social.

La Familia
La familia es la primera institución social de orden natural, anterior a cualquier otra forma de organización. Ha estado en el centro de las transformaciones sociales y de los conflictos en América Latina durante estos 40 años. Sobre ella han recaído toda suerte de disfuncionalidades, y ha sufrido las consecuencias de la urbanización, de la inseguridad, del desempleo, de la marginación, del desplazamiento, de la violencia, de la falta de educación, del cambio de mentalidad sobre su constitución con base en el sacramento del matrimonio, y de la desviación del sentido de la educación sexual.
Medellín aborda la situación demográfica de América Latina y, a la luz de la Humane Vitae, entregada por el Papa Pablo VI poco antes de la Conferencia, subraya la ayuda mutua que los matrimonios proporcionan al reunirse, respaldados por peritos y por sacerdotes imbuidos de espíritu pastoral, ante los desafíos de la mentalidad anticonceptiva y antinatalista que se abría paso.
Hoy, se hace necesario recordar que la familia cumple una misión fundamental como formadora de personas, educadora en la fe y promotora del desarrollo, y que es deber nuestro, de las instituciones y del Estado, protegerla y preservarla, con base en el principio de subsidiaridad.
Proteger a la familia, especialmente de los feroces ataques a que está siendo sometida desde la ideología de género y el laicismo relativista que se incrustan en las leyes proponiendo “nuevos derechos”, será la salvaguardia de ese Humanismo Integral y Solidario propuesto en Medellín.

La Educación
La Educación es un factor básico y decisivo en el desarrollo del continente. Tiene un sentido humanista y cristiano, cuando reconoce los elementos antropológicos propios de la naturaleza humana, y afirma los aspectos éticos de su finalidad. Por ello, el problema central de la calidad de la educación no se refiere tanto a los medios, sino a la claridad con respecto a sus fines. Es liberadora, en tanto convierte al educando en sujeto de su propio desarrollo.
La educación es efectivamente el medio clave para liberar a los pueblos de toda servidumbre y para hacerlos ascender a condiciones más humanas, teniendo presente que el hombre es el responsable y el artífice principal de su éxito o de su fracaso.
La educación debe estar abierta al diálogo, debe afirmar las peculiaridades locales y nacionales integrándolas en la unidad pluralista del continente, y debe capacitar a las nuevas generaciones para el cambio permanente y orgánico que implica el desarrollo. En este contexto, la Iglesia tiene una misión educadora con un amplio alcance para todas las personas.

Una Adecuada Pedagogía de la Fe

América es una tierra de contrastes y de profundas raíces multiculturales en donde la religiosidad del pueblo brota y se expresa de una manera casi natural. La evangelización exige adaptarse a estas condiciones, procurando que los pueblos y las élites maduren en su fe, a través de la catequesis y la liturgia.

Pastoral Popular
En la religiosidad popular hay una secreta presencia de Dios, un destello de la verdad que ilumina a todos, una simiente que puede dar abundantes frutos… Al respecto, la Conferencia de Medellín propuso dos caminos: iluminar e impregnar esa religiosidad con la Palabra de Dios, para que las personas conozcan verdaderamente y amen a Jesucristo; luego, forjar, fortalecer y animar comunidades en las parroquias, especialmente en los ambientes rurales y marginados.

Pastoral de Élites
Para Medellín, las “élites” son los agentes principales del cambio: en especial, las minorías comprometidas que ejercen una influencia real o potencial en los distintos niveles de decisión cultural, profesional, económica, social y política. Allí, la evangelización exige una metodología para educar en una fe adulta, encarnada en la historia, que se exprese especialmente en el compromiso temporal, mediante los valores de la justicia y la fraternidad.
La Iglesia debe ser el soporte de la evangelización y un signo de comunión. Estas personas necesitan del acompañamiento de sacerdotes preparados para ayudarles a vivir una pedagogía de Revisión de Vida.

Catequesis
Para cada uno de estos grupos urge la formación de catequistas laicos, con especial énfasis en la catequesis de adultos y que promuevan la evangelización entre los bautizados.

Liturgia
Es necesario e indispensable comprender el sentido profundo y sacramental de la liturgia, particularmente el de la Eucaristía, celebrada y vivida en pequeños grupos, con respeto y recogimiento; y alimentar el sentido de la reflexión y de la oración a partir de la Palabra de Dios para llegar a la celebración de los Sacramentos.

Personas y Estructuras Renovadas

El tercer aspecto abordado en la Conferencia de Medellín fue el de “los problemas relativos a los miembros de la Iglesia, que requieren intensificar su unidad y acción pastoral a través de estructuras visibles, también adaptadas a las nuevas condiciones del continente”. Este capítulo se titula “La Iglesia Visible y sus Estructuras”.
Pero… ¿a qué se refiere esto? A la necesidad de cohesionar más el trabajo y de coordinar mejor los esfuerzos pastorales y de evangelización de todos los miembros de la Iglesia comprometidos en ello; laicos, sacerdotes y religiosos más calificados, mejor formados doctrinalmente y organizados en estructuras más eficientes y operantes, para responder efectivamente a los desafíos humanos y sociales del continente.
Esta renovación de las personas y de las estructuras no pretende una eficacia humana, sino reflejar el ardor de la caridad, como lo pidió el Papa: «En nombre de Cristo y como empujados por su caridad interior, haceos todos y cada uno promotores de su caridad. Que la chispa de amor, encendida en cada uno de los corazones, se convierta en fuego, que arda en el ámbito comunitario de nuestra vida. Haced del amor de Cristo el principio de renovación moral y de regeneración social de esta América Latina. El amor es el principio, la fuerza, el método, el secreto para lograrlo. El amor es la causa por la cual vale la pena actuar y luchar. El amor debe ser el vínculo para transformar a la gente sencilla, amorfa, desordenada, sufrida y a veces maliciosa, en un pueblo nuevo, vivo y activo; en un pueblo unido, fuerte, consciente, próspero y feliz». Este es el amor capaz de hacer de la Iglesia una presencia viva y visible entre los hombres.

La Conferencia de Medellín llama a los Movimientos de laicos a actuar en los ambientes o estructuras de decisión, y a asumir su compromiso en el mundo, entendiéndolo como un marco de solidaridades humanas. La espiritualidad de los laicos se ha de alimentar con un auténtico sentido de oración y de vida litúrgica.

A los Sacerdotes les recuerda y enfatiza el sentido de comunión jerárquica y con los laicos, así como su consagración y misión al servicio de las personas, invitándoles a mantener un contacto inteligente y constante con la realidad, para que la suya sea una manera especial de presencia en el mundo, y no una segregación de él.

Medellín insiste en el testimonio de los Religiosos, ligado especialmente a la vida contemplativa, pero insertos en la pastoral de conjunto.

La Formación del Clero se ubica en la perspectiva bíblica del llamado y la respuesta, para lograr la madurez humana que los capacite para ser conductores de hombres. Su formación espiritual deberá basarse en escuchar fielmente la Palabra de Dios, los consejos evangélicos, espíritu de servicio, experiencia personal, amor de Cristo y disciplina.

Luego aborda tres aspectos esenciales: la Pobreza de la Iglesia, la Pastoral de Conjunto y los Medios de Comunicación Social.

La Iglesia en América Latina debe ser evangelizadora de los pobres y solidaria con ellos. Los pastores y demás miembros deben ser coherentes en su vida y sus palabras, en sus actitudes y en su acción, con las exigencias del evangelio y las necesidades de los latinoamericanos. La Iglesia debe estar libre de ataduras temporales, de connivencias y de un prestigio ambiguo, para que su misión sea más fuerte y transparente.

La atención a las comunidades exige estructuras pastorales aptas y orgánicamente unidas. La renovación de las estructuras debe procurar la comunión entre las comunidades, las parroquias y las diócesis, sobre el principio de que el párroco es signo y principio de unidad, y debe coordinar su acción con las metas y prioridades señaladas por el Obispo.

Para cumplir la misión de llevar la buena noticia a todas partes, la Iglesia debe emplear los medios de comunicación social y presentar una imagen más exacta y fiel de sí misma.

Es innegable que la Conferencia de Medellín suscitó grandes expectativas, muchas de las cuales permanecen vigentes. Pero sólo una lectura de fe despierta en nosotros una auténtica esperanza. Aunque durante estos 40 años muchas cosas han cambiado en el continente, aún prevalecen muchos desafíos y han surgido nuevos retos. Por ello, debemos renovar propósitos y sembrar esperanzas, pues el derrotero aún no está desarrollado. Debemos continuar buscando las vías de la justicia y de la paz y afrontar con entereza los principios y temas no negociables que nos ha indicado el Magisterio: la protección de la vida desde su concepción hasta la muerte natural; el reconocimiento, la promoción y defensa de la estructura natural de la familia basada en el matrimonial entre un hombre y una mujer, ante los intentos de desvirtuarla y desnaturalizarla; y la protección del derecho de los padres a educar a sus hijos, ante los intentos cada vez más frecuentes de imponer una moral de estado laicista y relativista.

Aún quedan, también, algunas ideas por aclarar entre los mismos miembros de la Iglesia y en sectores intelectuales y de la cultura, para que la propuesta de la evangelización liberadora sea asumida conforme a su real sentido y valor en la tarea pastoral.

EL DESARROLLO Y LOS GRANDES RETOS
SURGIDOS DURANTE ESTOS 40 AÑOS

Visión reductiva e instrumental de la liberación

¿Qué se entiende cuando hablamos de “liberación”? El concepto original es el de evangelización liberadora, pese a las graves reinterpretaciones y desviaciones posteriores. La palabra «liberación» se hizo problemática cuando se le empezó a dar un contenido predominantemente sociológico y hasta ideológico, muy diferente al que se le dio en Medellín.
Para los Obispos que propusieron el concepto y participaron en los debates, el término liberación tenía una carga pascual muy viva: se refería a la salvación, pero incluyendo la preocupación por toda la realidad de la persona. Sin excluir lo social, existe una liberación cristiana bien entendida en un sentido integral, muy en armonía con lo que es la dimensión reconciliadora. Debe quedar claro, sin embargo, que en Medellín no existe confusión.

La Evangelii Nuntiandi hizo un importante aporte al clarificar para todos lo que se debía entender por liberación y lo que no. Posteriormente, el Magisterio ha intervenido haciendo las aclaraciones y correcciones pertinentes a las interpretaciones reductivas.

Hoy, asombra aún la profundidad de los planteamientos de Medellín y lo atinado de muchos de sus diagnósticos. Muchos aspectos de lo entonces dicho conservan su plena vigencia aún hoy. En la Sollicitudo rei socialis, Juan Pablo II ha reiterado para este tiempo la importancia de promover el desarrollo integral que fuera asumido como programa por Medellín.

El desafío de las ideologías y de las Antropologías falsas y parciales

El mismo equívoco para entender la liberación, puede ocurrir cuando se intenta comprender el hombre: las ideologías ofrecen una visión parcial, limitada sólo a alguna de sus dimensiones, reduciéndolo. Por eso, Medellín enfatiza una antropología integral.

Quizás la ideología más fuerte en el momento de la Conferencia fue el socialismo marxista, que exalta la dimensión social, pero somete al individuo a un totalitarismo despersonalizante que lo aniquila por completo.

Hoy día, la tentación viene por cuenta de las ideologías organicistas que entienden la vida como un simple producto biológico o evolutivo, y actúan con criterios eugenésicos, procurando una especie de “control de calidad fisiológico” en el que no tienen cabida los limitados ni los enfermos. Pero también están las doctrinas que exaltan la materia, y que proponen un culto al cuerpo y una ética basada en el placer.

Continúa vigente el reto de las sectas, que se muestran como escuelas para la expansión del pensamiento, el desarrollo del potencial o el crecimiento “espiritual”, y que llevan a las personas a un individualismo subjetivo e indiferente, que confunden con la liberación personal.

Entre todas éstas corrientes, la que mayores desafíos supone hoy en América Latina es la ideología de género, que pretende imponerse mundialmente a través de plataformas como la Conferencia Mundial sobre la Mujer y de políticas como la llamada “salud sexual y reproductiva”. Interpreta el mundo como una construcción cultural, por lo cual propone abiertamente la autodeterminación subvirtiendo el lenguaje y modificando el significado de las cosas, es decir, su esencia. Propone “nuevos derechos” con los que vicia los principios jurídicos y eleva a la categoría de leyes auténticos y atroces crímenes como el aborto.

Estructuras Políticas, Democracia y Gobernabilidad

Las democracias latinoamericanas aún son frágiles e inmaduras, no sólo porque están penetradas de un alto contenido ideológico, sino porque las condiciones sociales, el crecimiento y el desarrollo aún son asimétricos y frustran las expectativas de acceso al bienestar de muchos grupos.

Esas limitaciones no sólo interfieren la participación adecuada y eficaz en las estructuras políticas, sino que tienden a corromperlas. Cuando no, las gentes vuelcan su esperanza hacia utopías nacionalistas o hacia mesianismos populistas, que pueden llevar a la instauración de dictaduras mediante la manipulación de la democracia.

La dependencia cada vez mayor de factores económicos globales, el choque de intereses entre sectores internos y la falta de consolidación social e institucional, constituyen un enorme desafío a la estabilidad democrática y a la gobernabilidad.

Formas Asociativas
Uno de los retos que se impone hoy en América es el acceso de las personas a un trabajo digno, que les permita conciliar su vida personal y familiar. Al respecto, habrá que aprender a conjugar las nuevas formas de flexibilización laboral con las directrices de la Organización Internacional del Trabajo referidas a procurar, por lo menos, un trabajo decente.

Al respecto, hay que promover las distintas formas asociativas de trabajo, ya que éstas facilitan el acceso al trabajo, la estabilidad y la satisfacción de necesidades y expectativas, siempre que no sean instrumentalizadas para evadir las obligaciones contractuales y laborales relacionadas con la seguridad social por parte de las empresas.

Solidaridad Hay que mantener vigente en nuestros pueblos el sentido de la Solidaridad, recordándoles que ésta “es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”.

Coherencia y Defensa de la Verdad Hoy día prevalece una desconfianza sobre la validez de los principios fundamentales de la razón, y a cambio se aceptan y se les rinde culto a filosofías simplistas y confusas. Nos hemos desarmado intelectualmente ante doctrinas que desvirtúan la fe y crean un espíritu de crítica subversiva. Para atraer y evangelizar a la gente de hoy, algunos renuncian al patrimonio doctrinal del Magisterio de la Iglesia, modifican los dogmas, y formulan un cristianismo a medida del hombre y no de la auténtica Palabra de Dios.

Otros confunden la doctrina y se arrogan la libertad de enunciar opiniones propias, atribuyéndoles la autoridad que ellos mismos le niegan al Magisterio; incluso consienten que en la Iglesia cada cual piense y crea lo que quiere, recayendo de este modo en el libre examen que rompió su unidad, confundiendo la legítima libertad de conciencia moral con una malentendida libertad de pensamiento que suele equivocarse por su desconocimiento de las genuinas verdades religiosas.

Por ello, el Papa habló con claridad a los Obispos, afirmando tres aspectos:

• Deben esmerarse en la propia santificación y en el testimonio de la vida, que respalda la eficacia de la Palabra.
• Frente a las desviaciones modernas, han de ser valientes defensores de la Verdad revelada.
Y como responsables de su grey, están llamados a apacentarla con la predicación y la liturgia.

El dolor del Crecimiento
Esta responsabilidad pastoral contribuye decididamente a hacer de América el Continente de la Esperanza, especialmente la América Latina. Todos los contrastes y luchas por la promoción de la persona y por el reconocimiento y respeto de su dignidad son para nosotros, caminos de crecimiento y de grandeza. Al respecto, Benedicto XVI ha dicho: “la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es válido tanto para el individuo como para la sociedad”.

Juventud
Los jóvenes son más sensibles a los valores positivos de la secularización y procuran construir un mundo más comunitario, que vislumbran quizás con más claridad que los mayores. Están más abiertos a una sociedad pluralista y a una dimensión más universal de la fraternidad.

Los jóvenes rechazan una imagen desfigurada de Dios y buscan los auténticos valores evangélicos. Esperan de sus Pastores realizaciones concretas, y coherencia entre sus actitudes con la dimensión social del Evangelio.

Los jóvenes rechazan las organizaciones institucionalizadas y las estructuras demasiado rígidas, y por eso insisten en la necesidad de cambiar urgentemente las estructuras sociales. Esperan de la Jerarquía de la Iglesia mayor apoyo moral cuando se comprometen en la aplicación concreta de los principios de la doctrina social enunciados por los Pastores.

Los jóvenes y los estudiantes están llamados a una caridad comprometida con el pensamiento, a poner su inteligencia en sintonía con la humildad y con la valentía de la verdad, para liberarse de los tópicos, de la masificación y de las ideologías. Sólo la verdad puede comprometer la mente y otorgar la libertad de obrar como hombres y como cristianos. Nuestro primer deber es el de ser apóstoles de la verdad.

Los jóvenes aportan indudablemente un gran conjunto de valores, y son la constante renovación de la vida de la humanidad. Por ello, la Iglesia adopta una actitud francamente acogedora hacia la juventud.

Una esperanza viva
Para mantener una esperanza viva en nosotros y avivar la esperanza en nuestros pueblos, el Papa Benedicto XVI nos recuerda la importancia de valores personales y sociales como la libertad, el orden y el derecho.
“La libertad humana no es absoluta sino un bien compartido, cuya responsabilidad incumbe a todos. En consecuencia, el orden y el derecho son elementos que la garantizan. El derecho sólo podrá ser una fuerza eficaz de paz si sus fundamentos permanecen sólidamente anclados en el derecho natural, dado por el Creador. Es por eso también que no se puede nunca excluir a Dios del horizonte del hombre y de la historia. El nombre de Dios es un nombre de justicia, representa una llamada urgente a la paz”.

Hoy, en el mundo entero, son temas de interés mutuo la dignidad de la persona humana, la búsqueda del bien común, la construcción de la paz y el desarrollo. “…En todos los continentes, la Iglesia Católica se compromete para que los derechos del hombre sean no sólamente proclamados sino aplicados”.

La diplomacia y las relaciones entre los gobiernos deben dar esperanza. “Cuando Dios se hizo pequeño, la Esperanza vino a habitar en el mundo, en el corazón de la familia humana… Que Dios abra a la Esperanza, que no defrauda nunca, el corazón de aquellos que gobiernan la familia de los pueblos”.

 



         
         
   
 
 
     
     
     
     
       
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