“LA NARRACIÓN DE LO SUCEDIDO”
Por: Presbítero Diego León Montoya
Gil
Centro Arquidiocesano para la Reconciliación
“El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos
le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un
profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo
el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados
le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos
que sería él el que iba a librar a Israel; pero,
con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que
esto pasó”. Lc. 24,19-21
Cuando se comenta de forma tan apasionada una experiencia reciente,
es porque se trata de un hecho de gran importancia, cuyo significado
y alcance no están claros para aquellos a quienes afecta
y por eso es necesario contar una y otra vez lo acontecido, para
poder integrarlo así en la historia de sus propias vidas.
Esta vez a los discípulos de Emaús lo narrado no
termina de cuadrarles. La historia de Jesús, con su final
tan decepcionante, se ha convertido para ellos en una carga; esta
es también la experiencia de muchos de los que tienen que
enfrentarse con un pasado doloroso. Las palabras pueden ser las
adecuadas, pero todavía falta algo. Hay algo que todavía
no encaja. En el relato de Emaús es la fe lo que hace falta.
Cuando se escucha a la gente que ha experimentado la reconciliación,
a personas que han sobrevivido a la violación de sus derechos
humanos y cuya humanidad ha podido ser restaurada, se puede descubrir
que este cambio de perspectiva aparece siempre como un importante
punto de reflexión. Da una nueva orientación al
relato de lo ocurrido sin atenuar por ello su gravedad.
El contar la historia desde un ángulo diferente, obra la
curación de la memoria.
En los procesos de reconciliación, éstos son momentos
de gracia. Para los discípulos del camino de Emaús,
el momento de gracia fue cuando de manera paulatina sintieron
que sus corazones se conmovían conforme oían la
nueva versión de su relato. Pero en realidad no fue la
manera de narrar aquella historia lo que provocó el cambio,
sino algo que hizo el extraño: la forma en que bendijo
y partió el pan. Sólo entonces se les abrieron sus
ojos.
Un momento de gracia, es el momento en el que de repente la perspectiva
se modifica, se insinúa un nuevo significado que se abre
a una senda que nos aleja de la confusa maraña de recuerdos,
emociones y relatos asociados con la muerte.
El momento de gracia se da cuando logramos la curación
de la memoria.
(Tomado de: SCHREITER, Robert J. “el ministerio de la reconciliación”
pág 68-73.)
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