18 de Mayo

La Santísima Trinidad

Éxodo 34, 4b-6. 8 -9. Israel había experimentado el compromiso liberador de su Dios, una alianza de vida, una relación personal entre Dios y el pueblo de su propiedad. Para renovar este pacto Moisés sube al monte y pide perdón para su pueblo.

Daniel 3, 52 y siguientes. Hoy rezamos como salmo responsorial, una parte del cántico de los tres jóvenes en el horno de Babilonia, luego de ser librados del fuego, por el poder de Dios. También nosotros agradecemos las bondades que Él continúa haciendo a favor nuestro.

Corintios 13, 11- 13. Este final de la Carta a los Corintios nos llama a la alegría, a la concordia, la unidad y la paz. Estas deberían ser nuestras señas de identidad en medio del mundo. Si vivimos de este modo, el Dios en quien creemos estará siempre con nosotros.

San Juan 3, 16 – 18. El Amor que Dios nos tiene es algo que no captamos del todo. Nos entregó a su Hijo único, que vivió entre nosotros, murió y resucitó para salvarnos. Y nos envió su Espíritu para que vivamos en comunión de amor, transmitiéndolo a los hermanos.

REFLEXIÓN

Una demanda pendiente

Cursa en el cielo una demanda contra un grupo de bautizados. Ellos se han defendido alegando que son teólogos. Pero san Lucas, fiscal para estos temas, les ha dicho: El oficio que a ustedes compete, más que complicar el evangelio, es explicar las cosas de Dios en lenguaje simple y llano.

Todo ocurrió cuando se introdujo en la liturgia de la Santísima Trinidad un párrafo muy singular: “Eres un solo Dios, un solo Señor, no en la singularidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. De modo que al confesar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos lo que es propio de cada persona divina y también la unidad de la esencia y la igualdad de su majestad”. La demanda continúa pendiente, hasta que la corte celestial dicte un fallo.

Los peritos señalan que esta curiosa fórmula viene de tiempo atrás, cuando la experiencia cristiana se vertió en moldes griegos. Sin embargo, cuando regresamos al Evangelio, descubrimos que para encontrarnos con Dios, más que la tareas del entendimiento, valen las pesquisas del amor.

A través de la historia, muchos grupos humanos comprendieron que el universo no se explica sin la existencia de un ser superior. Y se preguntaron enseguida: ¿Dónde habitará ese Creador, quiénes le acompañan, cuáles son sus costumbres, qué pretenderá hacia nosotros? De tales inquietudes surgieron las diversas religiones con sus desatinos y aciertos.

En un contexto judeocristiano la búsqueda religiosa se ilumina por la palabra de los profetas y luego por la presencia de Dios entre nosotros. Jesús de Nazaret, a quien confesamos Dios y hombre, nos dio un curso completo, que disipa toda incógnita sobre quiénes somos y adónde nos dirigimos.

En repetidas ocasiones el Maestro enseñó que Dios es Padre, no sólo por su poder sino por su capacidad de perdón y su ternura. Que se hizo visible en Jesucristo, su enviado, su palabra, su Hijo unigénito. Igualmente que Jesús nos ha dejado su Espíritu, su fuerza y su luz que empujan la historia hacia metas de equilibrio, de realización, de plenitud.
La Iglesia primitiva, acunada sobre la enseñanza de los apóstoles fue descubriendo la grandeza de Dios, que no se agota en una sola persona. Y desde siglos atrás los cristianos de a pie aprendimos a rezar: “Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”.

Cuenta además san Juan, cómo el Maestro en una larga entrevista con cierto rabino de Jerusalén, le descubrió en palabras sencillas, algo que responde a aquellas preguntas iniciales: ¿Dónde habitará ese Creador, quiénes le acompañan, cuales son sus costumbres, qué pretenderá hacia nosotros?: “Dijo Jesús a Nicodemo: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”.

Era de noche sobre Jerusalén y Nicodemo, de cara a Jesús y lleno de asombro, empezaba a sacar las consecuencias: Dios es amor. Amor sustancial, dirían más tarde los teólogos, Amor en comunidad. Y su proyecto sobre el mundo no es de ninguna manera condenarnos. Es salvarnos a todos.

CALIDOSCOPIO

Otros posibles temas para la homilía:

• Procurar poner las bases que trae el Evangelio hacia la revelación de un Dios Uno y Trino, que en siglos posteriores enunció la teología católica.

• Si es un auditorio de niños utilizar una pedagogía sencilla, mediante analogías que los acerquen al misterio de Dios. Aunque Tomás de Kempis enseñó: “Vale más amar la Trinidad que saber mucho sobre ella”.
• Describir el paso de una ciencia sobre Dios a una experiencia cristiana sobre Él y sus consecuencias en la vida práctica.

• Explicar a los fieles qué entendemos hoy por alabanza, gloria, acción de gracias a Dios, que más allá de actitudes de oración, han de ser también actitudes de vida.

• Escoger algunas fórmulas de la religiosidad popular que mencionan a la Santísima Trinidad y explicarlas detenidamente a los fieles. Nunca nuestro lenguaje podrá expresar la realidad de Dios.

*ASTERISCO

Emergencia litúrgica

Parece que quienes escogieron los textos para la Fiesta de la Santísima Trinidad, con motivo de la reforma litúrgica posconciliar, se vieron en apuros. ¿Dónde encontrar un párrafo que presente con claridad y exactitud el misterio de Dios?.

Nos trajeron entonces parte de aquel diálogo de Jesús con Nicodemo, ocurrido en Jerusalén. De noche, porque el rabino visitante pertenecía al gobierno judío y no quería mostrar su simpatía por el Señor.

Y de aquella entrevista destacaron el solemne manifiesto de Jesús: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que los que creen en él tengan vida eterna”.

Entonces descubrimos aquí, no la esencia de Dios, cosa imposible. Pero sí las manifestaciones más genuinas de su persona: Todo ha brotado del amor infinito del Señor. El amó a nuestro mundo, así como es, sin maquillarlo ni transformarlo de antemano, como hacemos con los doce, a quienes lavamos los pies el Jueves Santo.
Y todo ello para que la humanidad se salve.

Como camino para lograr esa meta, hemos de creer en Jesucristo. Con una fe que es apertura, adhesión. Que es trasformar la vida en ese contexto de amor. Una fe que es arrepentimiento y es esperanza.

De otro lado, al final Jesús le explica a Tomás que él es el camino para llegar al Padre.


   
         
         
   
 
 
     
     
     
     
       
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